Alienum phaedrum torquatos nec eu, vis detraxit periculis ex, nihil expetendis in mei. Mei an pericula euripidis, hinc partem.

«Porque tuve hambre y me diste de comer» (Mt 25, 35)

Manual de las Capillas de Adoración Perpetua

1. San Pedro Julián Eymard y sus consejos espirituales sobre la Adoración

“La adoración eucarística tiene como fin la persona divina de nuestro Señor Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento. Él está vivo, quiere que le hablemos, Él nos hablará. Y este coloquio que se establece entre el alma y el Señor es la verdadera meditación eucarística, es-precisamente- la adoración. Dichosa el alma que sabe encontrar a Jesús en la Eucaristía y en la Eucaristía todas las cosas…”

“Que la confianza, la simplicidad y el amor os lleven a la adoración”.

“Comenzad vuestras adoraciones con un acto de amor y abriréis vuestras almas deliciosamente a su acción divina. Es por el hecho que comenzáis por vosotros mismos que os detenéis en el camino. Pero, si comenzáis por otra virtud y no por el amor vais por un falso camino…..El amor es la única puerta del corazón”.

“Ved la hora de adoración que habéis escogido como una hora del paraíso: id como si fuerais al cielo, al banquete divino, y esta hora será deseada, saludada con felicidad. Retened dulcemente el deseo en vuestro corazón. Decid: “Dentro de cuatro horas, dentro de dos horas, dentro de una hora iré a la audiencia de gracia y de amor de Nuestro Señor. Él me ha invitado, me espera, me desea”.

“Id a Nuestro Señor como sois, id a Él con una meditación natural. Usad vuestra propia piedad y vuestro amor antes de serviros de libros. Buscad la humildad del amor. Que un libro pío os acompañe para encauzaros en el buen camino cuando el espíritu se vuelve pesado o cuando vuestros sentidos se embotan, eso está bien; pero, recordaos, nuestro buen Maestro prefiere la pobreza de nuestros corazones a los más sublimes pensamientos y afecciones que pertenecen a otros”.

“El verdadero secreto del amor es olvidarse de sí mismo, como el Bautista, para exaltar y glorificar al Señor Jesús. El verdadero amor no mira lo que él da sino aquello que merece el Bienamado”.

“No querer llegarse a Nuestro Señor con la propia miseria o con la pobreza humillada es, muy a menudo, el fruto sutil del orgullo o de la impaciencia; y sin embargo, es esto que el Señor más prefiere, lo que Él ama, lo que Él bendice”.

“Como vuestras adoraciones son bastante imperfectas, unidlas a las adoraciones de la Santísima Virgen”.

“Si estáis con aridez, glorificad la gracia de Dios, sin la cual no podéis hacer nada; abrid vuestras almas hacia el cielo como la flor abre su cáliz cuando se alza el sol para recibir el rocío benefactor. Y si ocurre que estáis en estado de tentación y de tristeza y todo os lleva a dejar la adoración bajo el pretexto que ofendéis a Dios, que lo deshonráis más que lo servís, no escuchéis a esas tentaciones. En estos casos se trata de adorar con la adoración de combate, de fidelidad a Jesús contra vosotros mismos. No, de ninguna manera le disgustáis. Vosotros alegráis a Vuestro Maestro que os contempla. Él espera nuestro homenaje de la perseverancia hasta el último minuto del tiempo que debemos consagrarle”.

“Orad en cuatro tiempos: Adoración, acción de gracias, reparación, súplicas”.

“El santo Sacrificio de la Misa es la más sublime de las oraciones. Jesucristo se ofrece a su Padre, lo adora, le da gracias, lo honra y le suplica a favor de su Iglesia, de los hombres, sus hermanos y de los pobres pecadores. Esta augusta oración Jesús la continúa por su estado de víctima en la Eucaristía. Unámonos entonces a la oración de Nuestro Señor; oremos como Él por los cuatro fines del sacrificio de la Misa: esta oración reasume toda la religión y encierra los actos de todas las virtudes…”

  1. Adoración: Si comenzáis por el amor terminaréis por el amor. Ofreced vuestra persona a Cristo, vuestras acciones, vuestra vida. Adorad al Padre por medio del Corazón eucarístico de Jesús. Él es Dios y hombre, vuestro Salvador, vuestro hermano, todo junto. Adorad al Padre Celestial por su Hijo, objeto de todas sus complacencias, y vuestra adoración tendrá el valor de la de Jesús: será la suya.
  2. Acción de gracias: Es el acto de amor más dulce del alma, el más agradable a Dios; y el perfecto homenaje a su bondad infinita. La Eucaristía es, ella misma, el perfecto reconocimiento. Eucaristía quiere decir acción de gracias (Jesús da gracias al Padre), y sacrificio porque se inmola en el ara de la Cruz por nosotros.
  3. Reparación: por todos los pecados cometidos contra su presencia eucarística. Cuánta tristeza es para Jesús la de permanecer ignorado, abandonado, menospreciado en los sagrarios. Son pocos los cristianos que creen en su presencia real, muchos son los que lo olvidan, y todo porque Él se hizo demasiado pequeño, demasiado humilde, para ofrecernos el testimonio de su amor. Pedid perdón, haced descender la misericordia de Dios sobre el mundo por todos los crímenes…
  4. Intercesión, súplicas: Orad para que venga su Reino, para que todos los hombres crean en su presencia eucarística. Orad por las intenciones del mundo, por vuestras propias intenciones. Y concluid vuestra adoración con actos de amor y de adoración. El Señor en su presencia eucarística oculta su gloria, divina y corporal, para no encandilarnos y enceguecernos. Él vela su majestad para que podamos a Él y hablarle como lo hace un amigo con su amigo; mitiga también el ardor de su Corazón y su amor por vosotros, porque sino no podríais soportar la fuerza y la ternura. No os deja ver más que su bondad, que filtra y sustrae por medio de las santas especies, como los rayos del sol a través de una ligera nube.

El amor del Corazón se concentra; se lo encierra para hacerlo más fuerte, como el óptico que trabaja su cristal para reunir en un solo punto todo el calor y toda la luz de los rayos solares. Nuestro Señor, entonces, se comprime en el más pequeño espacio de la hostia, y como se enciende un gran incendio aplicando el fuego brillante de una lente sobre el material inflamable, así la Eucaristía hace brotar sus llamas sobre aquellos que participan en ella y los inflama de un fuego divino… Jesús dijo: «he venido a traer fuego sobre la tierra y cómo querría que este fuego inflamase el universo». «Y bien, este fuego divino es la Eucaristía», dice san Juan Crisóstomo. Los incendiarios de este fuego eucarístico son todos aquellos que aman a Jesús, porque el amor verdadero quiere el reino y la gloria de su Bien amado”.

2. Qué es adorar

Es la relación connatural del hombre con Dios, de la creatura inteligente con su Creador. Los hombres y los ángeles deben adorar a Dios. En el cielo, todos, las almas bienaventuradas de los santos y los santos ángeles, adoran a Dios. Cada vez que adoramos nos unimos al cielo y traemos nuestro pequeño cielo a la tierra.

La adoración es el único culto debido solamente a Dios. Cuando Satanás pretendió tentarlo a Jesús en el desierto le ofreció todos los reinos, todo el poder de este mundo si él lo adoraba. Satanás, en su soberbia de locura, pretende la adoración debida a Dios. Jesús le respondió con la Escritura: “Sólo a Dios adorarás y a Él rendirás culto”.

3. Qué es la adoración eucarística

Es adorar a la divina presencia real de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en la Eucaristía.

Jesucristo, al comer la Pascua judía con los suyos, aquella noche en la que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, dando gracias bendijo al Padre y lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed todos de él, esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”, al final de la cena, tomó el cáliz de vino, volvió a dar gracias y a bendecir al Padre y pasándolo a los discípulos dijo: “Tomad y bebed todos de él, este es el cáliz de mi sangre. Sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.”

Él dijo sobre el pan: “Esto es mi cuerpo”, y sobre el vino: “Esta es mi sangre”. Pero, no sólo eso, agrego también: “Haced esto en conmemoración mía”. Les dio a los apóstoles el mandato, “haced esto”, el mandato de hacer lo mismo, de repetir el gesto y las palabras sacramen-tales. Nacía así la Eucaristía y el sacerdocio ministerial.

Cada vez que el sacerdote pronuncia las palabras consagratorias es Jesucristo quien lo ha hecho y se hace presente su cuerpo y su sangre, su Persona Divina. Porque Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero. Siendo Jesucristo Dios y estando presente en la Eucaristía, entonces se le debe adoración.

En la Eucaristía adoramos a Dios en Jesucristo, y Dios es Uno y Trino, porque en Dios no hay divisiones. Jesucristo es Uno con el Padre y el Espíritu Santo y, como enseña el Concilio de Trento, está verdaderamente, realmente, substancialmente presente en la Eucaristía.

La Iglesia cree y confiesa que «en el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y substancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles» (Trento 1551: Dz 874/1636).

La divina Presencia real del Señor, éste es el fundamento primero de la devoción y del culto al Santísimo Sacramento. Ahí está Cristo, el Señor, Dios y hombre verdadero, mereciendo absolutamente nuestra adoración y suscitándola por la acción del Espíritu Santo. No está, pues, fundada la piedad eucarística en un puro sentimiento, sino precisamente en la fe. Otras devociones, quizá, suelen llevar en su ejercicio una mayor estimulación de los sentidos –por ejemplo, el servicio de caridad a los pobres–; pero la devoción eucarística, precisamente ella, se fundamenta muy exclusivamente en la fe, en la pura fe sobre el Mysterium fidei («præstet fides supplementum sensuum defectui»: que la fe conforte la debilidad del sentido; Pange lingua).

Por tanto, «este culto de adoración se apoya en una razón seria y sólida, ya que la Eucaristía es a la vez sacrificio y sacramento, y se distingue de los demás en que no sólo comunica la gracia, sino que encierra de un modo estable al mismo Autor de ella.

«Cuando la Iglesia nos manda adorar a Cristo, escondido bajo los velos eucarísticos, y pedirle los dones espirituales y temporales que en todo tiempo necesitamos, manifiesta la viva fe con que cree que su divino Esposo está bajo dichos velos, le expresa su gratitud y goza de su íntima familiaridad» (Mediator Dei 164).

El culto eucarístico, ordenado a los cuatro fines del santo Sacrificio, es culto dirigido al glorioso Hijo encarnado, que vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Es, pues, un culto que presta a la santísima Trinidad la adoración que se le debe (+Dominicæ Cenæ 3).

La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia ofrecido a todos para que todos puedan recibir por ella gracias abundantes y bendiciones. La Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Cristo del que hacemos memoria y actualizamos en cada Misa y es también su presencia viva entre nosotros. Adorar es entrar en íntima relación con el Señor presente en el Santísimo Sacramento.

Adorar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento es la respuesta de fe y de amor hacia Aquel que siendo Dios se hizo hombre, hacia nuestro Salvador que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros y que sigue amándonos de amor eterno. Es el reconocimiento de la misericordia y majestad del Señor, que eligió el Santísimo Sacramento para quedarse con nosotros hasta el fin de mundo.

El cristiano, adorando a Cristo reconoce que Él es Dios, y el católico adorándolo ante el Santísimo Sacramento confiesa su presencia real y verdadera y substancial en la Eucarística. Los católicos que adoran no sólo cumplen con un acto sublime de devoción sino que también dan testimonio del tesoro más grande que tiene la Iglesia, el don de Dios mismo, el don que hace el Padre del Hijo, el don de Cristo de sí mismo, el don que viene por el Espíritu: la Eucaristía.

El culto eucarístico siempre es de adoración. Aún la comunión sacramental implica necesariamente la adoración. Esto lo recuerda el Santo Padre Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis cuando cita a san Agustín: “nadie coma de esta carne sin antes adorarla… pecaríamos si no la adoráramos” (SC 66). En otro sentido, la adoración también es comunión, no sacramental pero sí espiritual. Si la comunión sacramental es ante todo un encuentro con la Persona de mi Salvador y Creador, la adoración eucarística es una prolongación de ese encuentro. Adorar es una forma sublime de permanecer en el amor del Señor.

Por tanto, vemos que la adoración no es algo facultativo, optativo, que se puede o no hacer, no es una devoción más, sino que es necesaria, es dulce obligación de amor. El Santo Padre Benedicto XVI nos recordaba que la adoración no es un lujo sino una prioridad.

Quien adora da testimonio de amor, del amor recibido y de amor correspondido, y además da testimonio de su fe.

Ante el misterio inefable huelgan palabras, sólo silencio adorante, sólo presencia que le habla a otra presencia. Sólo el ser creado ante el Ser, ante el único Yo soy, de donde viene su vida. Es el estupor de quien sabe que ¡Dios está aquí! ¡Verdaderamente aquí!

4. ¿Por qué la Adoración Perpetua?

Porque es la manera que tenemos de dar una respuesta constante en el tiempo hacia Quien no deja de ser Dios y de amarnos de amor eterno. Pero, la Adoración Eucarística Perpetua conlleva, como consecuencia de lo anterior, otro mérito: en tiempos en los que nuestras iglesias están a menudo cerradas, una capilla siempre abierta, para quien quiera allegarse a cualquier hora del día o de la noche, es como los brazos siempre abiertos de Jesús, dispuesto a acoger a todo hombre. Es también una respuesta al clamor del Papa Juan Pablo II, vuelto también suyo de Benedicto XVI: “¡Abridle las puertas a Cristo! ¡Abrídselas de par en par!”

Los motivos que hacen única a la Adoración Perpetua son que el Señor sea adorado incesantemente y que la iglesia esté siempre abierta. Es la forma más perfecta y heroica de adorar a Dios.

En efecto, en una capilla de Adoración Perpetua, la fraternidad eucarística que conforman los adoradores, reza a toda hora del día y de la noche, eleva alabanzas, súplicas, acción de gracias, bendiciones y repara, rindiendo grandísimo honor y gloria al Señor como comunidad eclesial.

Adoradores que se suceden día y noche ofrecen un gran testimonio de fe, un testimonio que ayuda e interpela al mundo, atrae a aquellos que están en la búsqueda de Dios y llama la atención a quien está lejos del Señor para que se acerque a Él.

La capilla de adoración perpetua es la fuente de agua viva que quita la sed de vida, es un faro en la noche del mundo, es la puerta abierta al Cielo que permanece abierta. De ella se derraman gracias y beneficios que llevan a grandes conversiones.

El Santo Padre Benedicto XVI insiste: nos falta redescubrir la oración, la contemplación.

En tal sentido, la Adoración Eucarística Perpetua origina una comunidad contemplativa donde cientos de personas en oración incesante descubren la belleza y la riqueza del encuentro con Dios, hacen experiencia directa de Dios, entran en intimidad con Él y desean conocerlo aún más, con el resultado de mayor crecimiento espiritual.

El silencio con que se adora en la capilla permite el recogimiento que hace propicio el encuentro con el Señor y su escucha.

En el día de la Inmaculada Concepción del 2007, la Congregación para el Clero, en la persona del Cardenal Hummes, ha invitado a los Ordinarios de todo el mundo a dedicar un templo a la Adoración Perpetua para el sostenimiento espiritual de todo el clero y para pedir más y santas vocaciones.

5. Frutos de la Adoración y de la Adoración Perpetua

Ante todo, cuando el fiel está en adoración, recibe del Señor grandes gracias. Él mismo lo prometió: «Vengan a mí los que estén cansados y afligidos que yo los aliviaré.» (Mt 11:28). Cuando adoramos su presencia eucarística Jesús nos consuela, nos da la paz, nos alivia de todas nuestras penas, sosiega nuestro espíritu, nos libra de los temores, nos da fortaleza, nos ilumina, orienta nuestras vidas y nos regala las gracias que necesitamos. Por medio de la contemplación del misterio, de la adoración, la Eucaristía se vuelve el centro de la vida del creyente, y éste se camina hacia una verdadera relación personal con Cristo, se acrecienta la intimidad con Él, nos volvemos amigos del Señor. Asimismo, siendo la Eucaristía el sacramento de la unidad también se desarrolla y afianza la comunidad. El Beato Juan Pablo II dijo que el mejor modo y también el más efectivo y seguro para traer paz duradera a la tierra es a través del gran poder de la adoración eucarística. La Eucaristía trae paz a los corazones.

Quien adora encuentra paz, una paz desconocida para el mundo. Son muchísimos los testimonios en ese sentido. Personas que nunca pisaron una iglesia y que de pronto por alguna circunstancia o porque el Señor las atrajo entraron a la capilla de adoración y encontraron la paz para ellos desconocida, la que sólo puede dar el Señor.

La capilla de adoración perpetua ofrece a todos una estación para detenerse en el camino frenético de la vida. Les ofrece un espacio para reflexionar y dejarse interpelar por la presencia del Dios que nos ha creado y que nos salva.

La capilla siempre disponible es espacio de encuentro y de reposo en el camino, porque allí está Aquél que nos ofrece la paz verdadera, no como la que nos ofrece el mundo.

Resulta asombroso ver cuántas personas anónimas pasan y se detienen en la silenciosa capilla en la que el Santísimo está siempre expuesto y transcurren un tiempo considerable, inmersas en su mundo interior. Muchas veces se trata de personas que vienen de lugares muy distantes, aún de no católicos, o invitadas por amigos. Muchas entran “porque sí, por azar” y se ven atraídas por el poder invisible e irresistible del Señor.

Otro beneficio que se da donde la adoración perpetua es establecida, es el servicio de dirección espiritual y de confesiones.

La adoración eucarística en general, y la perpetua en particular, favorecen la participación del sacrificio eucarístico en la Misa en la medida en que la adoración significa permanencia con Aquel a quien se ha encontrado en la comunión sacramental.

Mediante la adoración perpetua se descubre y promueve la unidad en torno a Jesucristo Eucaristía al volverse los adoradores conscientes de formar parte de una fraternidad eucarística, de cada uno ser un eslabón de la cadena ininterrumpida de adoración.

Los frutos son incontables: de conversión, de salvación, de sanación de viejas heridas, de perdón, de reconciliación, nacimiento de vocaciones a la vida religiosa o al matrimonio y muchos otros.

Ya el Beato Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia decía: “El culto a la Eucaristía fuera de la Misa es de inestimable valor en la vida de la Iglesia…Es bello quedarse con Él e inclinados sobre su pecho, como el discípulo predilecto, ser tocados por el amor infinito de su corazón… Hay una necesidad renovada de permanecer largo tiempo, en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento”. Y agregaba: “¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y de ella he sacado fuerzas, consuelo, sostén!” (EE n.25).

Hoy, más que nunca, debemos recuperar todo el respeto y el amor hacia la Eucaristía y para ello empezar con tomar conciencia del infinito bien que se nos ha dado. El Magisterio de la Iglesia insiste en –como decía el Beato Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre el año eucarístico 2004- recuperar el “estupor eucarístico”. La rutina de las celebraciones hace que se pierda ese estupor, ese asombro por el mayor don que Dios nos ha hecho luego de su Encarnación y consecuente con ella y con su sacrificio redentor.

6. Principios rectores de la Adoración Perpetua

La Adoración Eucarística Perpetua:

  1. Es un don de Dios para su Iglesia y para este tiempo. Don que cuando es acogido porta ingentes beneficios a la comunidad.
  2. No es un movimiento sino que constituye una acción de la Iglesia, pedida y recomendada por el Magisterio.
  3. Pertenece a toda la Iglesia y de ella forman parte todos los movimientos y realidades eclesiales.
  4. Es establecida en un lugar de la ciudad, no viene a suplantar otras formas de adoración ni a quitar de otros lugares la adoración. Por lo contrario, lo demuestra la experiencia, donde hay adoración perpetua se potencia la adoración al Santísimo en otros lugares de culto.
  5. Es el espacio de gracia y recogimiento que permite a las personas, en cualquier momento, abrir una brecha en el ajetreo cotidiano para encontrar el sosiego y la paz que viene de la Presencia Divina.
  6. Por medio de ella, desde su Morada Eucarística el Señor llama a todas las personas, sin exclusión alguna.
  7. Las personas son llamadas individualmente a formar parte de la Adoración Perpetua con el único y exclusivo fin que el Santísimo Sacramento sea adorado día y noche sin interrupción, tributando así el mayor honor y gloria al Señor y manifestando su fe y amor reverente hacia su Creador y Salvador.
  8. Siendo la Eucaristía sacramento y vínculo de unidad, el participar de un mismo culto -la adoración- hace de todos los adoradores una fraternidad eucarística. Por tanto, aún cuando las personas sean invitadas a participar individualmente, el destino del llamado no deja de ser comunitario.
  9. Las personas que asumen la función de coordinación están al servicio del Señor -cuidando de la buena marcha de la adoración y que ésta no se interrumpa- y al servicio de los hermanos adoradores.
  10. Los adoradores inscritos son los que hacen posible que la capilla esté abierta a todos, y ellos -también celosos custodios de la Eucaristía- cuidan que el Señor nunca permanezca solo.
  11. La adoración es en silencio porque el silencio permite el recogimiento y hace posibles la escucha del Señor y la intimidad con Él. Es necesario respetar -mediante el silencio exterior- el encuentro que el Señor tiene con cada adorador y propiciar el silencio interior necesario a la contemplación.

7. Breve guía del Adorador para Capillas que tiene Adoradores Organizados por Orarios

Adora a tu Señor en silencio. En el silencio del corazón Dios nos inspira y de ese modo nos habla. El silencio permite también respetar el diálogo íntimo y la oración de los otros.

Puedes pasar tu hora santa de adoración como lo desees, recordando siempre que estás ante la presencia de tu Señor y Salvador.

Lee un pasaje del Evangelio (en la capilla habrá algunos ejemplares del Nuevo Testamento) o bien traer tu Biblia y alabar al Señor con algún salmo (p. ej. 145, 146, 147,.. o el maravilloso salmo 104) o con el Canto de los tres jóvenes (Daniel cap. 3 versículos 52 y siguientes) o simplemente alabarlo espontáneamente. El Señor es digno de toda alabanza, honor, gloria y acción de gracias. Agradécele por los beneficios recibidos, por el don de tu vida y por de los otros, y por todos tus amigos, familiares, por cada cosa y sobre todo por esta gracia inmensa de poder adorarlo día y noche en esta capilla. Verás tú mismo cuántas son las cosas por las que debemos agradecer y alabar a nuestro Dios. Puedes también hablar con Él, contarle tus problemas (claro que Él los conoce pero se complace que tú se lo digas y busques en Él la solución, la luz, la respuesta). Seguramente tendrás muchas personas por las que interceder. Recuerda que con tu adoración puedes reparar los sacrilegios, blasfemias, ultrajes e indiferencias cometidos contra Dios, y todas las ofensas contra la Santísima Virgen y los santos. Desde luego, puedes sencillamente contemplarle en tu silencio, dejándote abrazar por su amor y recibiendo su paz. Puedes también rezar el Rosario, que es como contemplar a Jesús con los ojos y el Corazón de María. Recuerda siempre que el Jesús que tú contemplas es el mismo que está realmente delante de ti. Y así, por ejemplo, cuanto medites el primer misterio gozoso ten presente que ese Jesús que está delante de ti es el mismo que se encarnó en el seno de la Virgen María. Así también el que fue llevado por María a la casa de Isabel o el que nació en Belén…

La hora que tú pasas con el Señor no se mide en minutos sino en gracias, bendiciones, protección, frutos, mayor intimidad y conocimiento de Dios. Esa hora el Señor la bendice y multiplica en beneficios incalculables, esa hora que tú le ofreces a Dios tiene valor de eternidad, es tu hora santa.

Dijo el Santo Padre Benedicto XVI: “Sin adoración no habrá transformación del mundo… Adorar no es un lujo, es una prioridad”. Ten presente que si la capilla puede estar siempre abierta, día y noche, para quien quiera que sea a la hora que sea puede acercarse hasta el Señor y recibir quizás la misma salvación (abundan los testimonios de personas que se encontraron con Dios porque la iglesia estaba abierta), es porque tú constituyes ese eslabón de la cadena de amor y adoración que lo hace posible. Que esto sea siempre un motivo de alegría y un aliciente más para tu fidelidad en la adoración.

En la capilla hay algunos libros y opúsculos con oraciones que te podrán ayudar en aquel momento. Trátalos con cuidado.

Sé puntual a tu cita con Dios. Si por algún motivo prevés que no podrás venir a tu hora, busca alguien que pueda sustituirte. Para ello se te suministrarán los números de teléfono de los adoradores de tu misma hora. En ningún caso debe el Señor, expuesto en el Santísimo Sacramento, quedar solo. Siempre debe haber por lo menos un adorador en su presencia.

Si prevés ausentarte y estás solo/a en esa hora, para sustituirte puedes buscar entre tus conocidos, parientes o amigos, o bien alguien de la misma hora de otro día de la semana. Si ni siquiera así encuentras quien te reemplace avisa con tiempo a tu coordinador de hora. Recuerda que para facilitar el buen orden es muy aconsejable que tú mismo/a encuentres el sustituto.

Si no estás solo/a en tu hora y debes ausentarte asegúrate antes que haya alguno de los adoradores de tu hora al menos presente. Si así no fuese, debes buscar quien te reemplace, como se explicó en el punto anterior, sin esperar que lo haga otro.

No olvides firmar el registro de presencias y de indicar la hora de ingreso y la de salida. En caso de sustitución debe también hacerlo el reemplazante. Este registro le será presentado al Señor durante la Misa aniversario de la Adoración Perpetua.

Reemplazo en caso de ausencia. Verifica primero si hay otro adorador en tu misma hora de tu día que asista. Si no hay ninguno o si la otra persona tampoco asistirá busca entre tus conocidos, amigos o parientes quien pueda sustituirte.

Si no encuentras ninguna busca entre los adoradores de tu misma hora de los otros días de la semana para permutar la hora o pídele al de la hora anterior o bien al de la siguiente que haga una hora adicional por ti. Es preferible el caso de permuta porque el otro toma tu hora y tú la suya.

En general todo se resuelve en un par de llamadas. Si aún después de aquellos intentos no has encontrado quién te reemplace entonces llama a tu responsable de grupo horario.

8. Como debe ser una Capilla de Adoración

El espacio para la adoración es muy importante.

  • Es mejor una capilla aparte del templo, cuando se trata de Adoración Perpetua; a no ser que el templo parroquial tenga alguna capilla anexa con entrada independiente.
  • Debe ser muy acogedora, bonita, limpia, con un buen trono para Nuestro Señor; digno del Rey de reyes y Señor de señores.
  • El altar donde va la custodia no debe ir acompañado con imágenes de santos, ni siquiera de la virgen; sólo dos ángeles adoradores, que inviten al recogimiento. Nada nos pude distraer del centro que es la persona de Jesús.
  • Se recomienda, no utilizar sagrarios de vidrio o transparentes. La adoración debe ser del Santísimo expuesto en la custodia.
  • La capilla debe tener bancas con reclinatorios. Aire acondicionado en el caso de nuestra diócesis que es caliente. Disponer, en lo posible, a la entrada de un pequeño estante con libros espirituales y con las sagradas escrituras, que sirvan de alimento y ayuda para la oración. Deberán ser marcados debidamente. Una veladora, no eléctrica, sino natural. No pueden faltar arreglos florales, sencillos y discretos.
  • En lo posible una lampara de aceite que su llama muestre siempre la presencia de Dios.
  • En lo posible, llevar un libro donde se consignen los nombres y firmas de los adoradores que asisten y donde también se incluyan los que visitan al Santísimo.
  • También es conveniente tener otro libro donde se consignen los favores recibidos (no las peticiones).
  • Disponer de un cartel en el que se establezca la prohibición de usar radio, grabadores o celular; la prohibición de llevarse el material de lectura. Al ingresar y abandonar la capilla la genuflexión debe ser con ambas rodillas, si no se está impedido físicamente; no está permitido hablar, ni fumar; la vestimenta debe ser apropiada y decente por el lugar que se visita (estamos ante el Rey de Reyes).
  • Es aconsejable tener una eucaristía por todos los que han adorado al Santísimo durante el año.
  • No cesar la catequesis sobre la importancia de la adoración, y todo el amor y reverencia que merece nuestro Señor. Educar a cerca del valor de la reparación eucarística.
  • El Sacerdote cuando piensa en una capilla de adoración, lo primero que le preocupa es el sostenimiento, sobre todo por los gastos que esto implica (servicios públicos – limpieza – etc.). No tengan miedo porque el Señor mismo se encarga; se recomienda poner una alcancía fuera de la capilla, a la entrada, y con seguridad siempre habrá ofrenda suficiente para todos los gastos que se necesiten.
  • Siempre será recomendable que los laicos sean los directos encargados de la capilla de adoración para que su funcionamiento no dependa del párroco de turno; o de su mucha o poca devoción a la eucaristía.
  • La Capilla de Adoración Perpetua no puede ser usada para celebraciones o sacramentos; es única y exclusiva para la adoración, de lo contrario pierde su razón de ser, su naturaleza, pues la adoración perpetua no se interrumpe nunca.
  • Siempre es recomendable la vigilancia; por seguridad y para educar a los fieles en las mínimas normas de urbanidad y respeto que se requieren para que la Capilla sea verdaderamente un lugar de oración.

9. Normas para la Administración Económica de las Capillas de Adoración

Es conveniente que las capillas de adoración sean cuidadas y regidas por laicos adoradores; así lo hemos dejado claro en el numeral anterior. Esto dará más garantía de permanencia y conservación de estos santos lugares. Además, el párroco no encontrará un peso, si es que se puede decir esto de la presencia eucarística y los fieles sentirán más la responsabilidad eclesial, y por ende, les creará un mayor sentido de pertenencia.

Cada capilla tiene una alcancía que recoge la ofrenda de los adoradores; con ella, de una manera providencial, se alcanza a pagar la luz, el mantenimiento permanente de la capilla, las flores que adornan a Nuestro Señor, el pago de quien se encarga de la limpieza y el jardinero que mantiene las zonas verdes que rodean la capilla. Lo que quede ingresará a un fondo para otros gastos (útiles de aseo, mantenimiento de los aires, pintura si es del caso y cambio de plantas si fuere necesario).

Debe de crearse un comité, elegido de entre los mismos adoradores; máximo de 7 integrantes. Deben ser personas honradas, de buen criterio y que tengan tiempo para reunirse por lo menos cada mes. Los siete deben elegir un coordinador, un secretario y un ecónomo.

El coordinador se encargara de convocar para las reuniones mensuales; debe animar el grupo y liderar todo lo que se refiera a la capilla de adoración.

El secretario llevará las actas y hará presencia en las actividades en bien de la capilla de adoración. El ecónomo será quien maneje el fondo, siempre con el visto bueno de todo el comité.

El coordinador conservará las llaves de la alcancía, y cada lunes, junto con el ecónomo, secretario, y ojala otro miembro del grupo, distinto siempre, abran la alcancía y cuenten la ofrenda y se consigne por escrito, con un acta y firmado por los cuatro, el total de lo que se recogió. Cada mes en el comité se debe informar las entradas por ofrenda, lo mismo que los gastos.

El comité debe estar pendiente que no falten libros de oración, espiritualidad y las sagradas escrituras, para que ayude a los adoradores en su oración, frente a Jesús Sacramentado. También material de información como las normas que se deben observar para entrar a la Capilla de Adoración, y otros si es necesario.

El comité debe dar cuentas de su administración al párroco, pero a su vez, este debe respetar el fondo económico, que será única y exclusivamente para todo lo que tenga que ver con la capilla. Además, dicho comité debe cuidar que cada mes se renovada la Sagrada Forma; para ello informará al párroco o sacerdote encargado del tiempo cumplido para el cambio.

Siempre habrá un dialogo fraterno entre comité y párroco; éste debe facilitar al comité cumplir su misión, y sobre todo animar a los fieles y visitantes a que se acerquen a la capilla de adoración. Explicarles la importancia capital de estos encuentros con el Señor, para la vida cristiana como sus discípulos y misioneros que somos.

Cualquier dificultad que se presente, de tipo administrativo o de relaciones y no lo pueda solucionar el comité, ni siquiera con la ayuda del párroco, deben acercarse al obispo de la diócesis quien tiene en sus manos un manual con las normas que aquí se consignan y está al tanto de las realidades pastorales de la Iglesia Particular.

Finalmente, el comité solo debe tener una meta y un objetivo: la gloria de Dios; que él sea alabado y adorado en la mente y en el corazón de todos los que se acercan a la Capilla.

10. Adoración Eucarística en las Sagradas Escrituras y en el Magisterio de la Iglesia

Sobre la adoración al Santísimo Sacramento, el Concilio Vaticano II dice, “Permaneciendo ante nuestro Señor Jesucristo, [los fieles] disfrutan de su trato íntimo, le abren su corazón pidiendo por sí mismos y por todos los suyos, ruegan por la paz y la salvación del mundo” (Presbyterorum ordinis).

Doce razones bíblicas y doce enseñanzas de la Iglesia que explican la importancia y necesidad de velar una Hora Santa a la semana ante la presencia de Jesús Sacramentado:

RAZONES BÍBLICAS:

  1. ¡Él está realmente allí! “Yo soy el pan de vida bajado del cielo” (Jn 6, 35)
  2. ¡Por Su infinito amor por ti, Día y noche Jesús habita en el Santísimo Sacramento! “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” “Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti”. (Mt 28,29;Jer 31,3)
  3. Cada hora que pasas con Jesús hará que Su paz divina se ahonde en tu corazón. “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso”. “Confiadle todas vuestras preocupaciones, pues Él cuida de vosotros”. (Mt 11,28; 1 P 5,7)
  4. Jesús te dará todas las gracias que necesitas para ser feliz en esta vida. “Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida”. (Ap 7,17)
  5. Cada momento que pasas ante Su presencia Eucarística hará que aumente Su vida divina dentro de ti, y profundizará tu relación personal y tu amistad con Él. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada”. (Jn 10,10; 15,5)
  6. Cada hora que pasas con Jesús en la tierra hará que tu alma sea eternamente más bella y gloriosa en el cielo. “Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”. “Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos”. (Lc 18,14; 2 Co 3,18)
  7. Jesús te bendecirá a ti, a tu familia y al mundo entero por esta hora de fe que pasas con Él en el Santísimo Sacramento. “Dichosos los que no han visto y han creído”. La fe puede mover montañas. “Solamente ten fe”. “Mira que hago un mundo nuevo”. (Jn 20,29; Mc 5,36; Ap 21,5)
  8. ¡Por la paz en nuestro país! “si mi pueblo. . . se humilla, orando y buscando mi rostro. . . sanaré su tierra”. (2 Cro 7,14)
  9. Cada momento que pasas con Jesús en el Santísimo Sacramento ¡le causa alegría a Su Sagrado Corazón! “mis delicias están con los hijos de los hombres”. (Pr 8,31)
  10. Cuando contemplas la Sagrada Hostia, estás viendo a Jesús, el Hijo de Dios. “Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día”. (Jn 6,40)
  11. Jesús merece infinitamente nuestra acción de gracias y adoración incesantes por todo lo que Él ha hecho por nuestra salvación. “Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza”. (Ap 5,12)
  12. Jesús te pide a cambio que lo ames pasando una hora a la semana en silencio con Él en el Santísimo Sacramento. “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. “¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?” (Mt 6,21; 26,40)

ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA:

  1. ¡Esta es una invitación personal de Jesús para ti! “Jesús nos espera en este Sacramento del amor”. (Art. 3)*
  2. ¡Te necesitamos muchísimo! “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico”. (Art. 3)*
  3. Tu hora con Jesús hará reparación por los males del mundo y traerá paz en la tierra. La Iglesia dice: “No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo… No cese nunca nuestra adoración”. (Art. 3)*
  4. ¡Todo momento que pasas con Jesús Sacramentado te hará crecer espiritualmente! “El empeño esencial y, sobre todo, la gracia visible y fuente de la fuerza sobrenatural de la Iglesia como Pueblo de Dios, es el perseverar y el avanzar constantemente en la vida eucarística, en la piedad Eucarística, el desarrollo espiritual en el clima de la Eucaristía”. (Art. 20)**
  5. ¡Jesús cuenta contigo! “Todos en la Iglesia, pero sobre todo los Obispos y los Sacerdotes, deben vigilar para que este Sacramento de amor sea el centro de la vida del Pueblo de Dios, para que, a través de todas las manifestaciones del culto debido, se procure devolver a Cristo ‘amor por amor’, para que Él llegue a ser verdaderamente ‘vida de nuestras almas’”. (Art. 20)**
  6. ¡Jesús desea que estés dispuesto a hacer algo más aparte de ir a Misa los domingos! “La Iglesia Católica profesa este culto latréutico [de adoración] que se debe al Sacramento Eucarístico no solo durante la Misa, sino también fuera de su celebración, conservando con la mayor diligencia las Hostias Consagradas, presentándolas a la solemne veneración de los fieles cristianos”. “La visita al Santísimo Sacramento que es… prueba de gratitud, signo de amor y deber de adoración a Cristo Nuestro Señor allí presente”. (Arts. 60 y 67)***
  7. Si el Papa personalmente te hiciera una invitación especial de visitarlo en el Vaticano, este honor no sería nada en comparación al honor y dignidad que Jesús mismo te concede al invitarte a que pases una hora a la semana con Él en el Santísimo Sacramento. “Todos saben que la divina Eucaristía confiere al pueblo cristiano una incomparable dignidad”. (Art. 68)***
  8. ¡Día y noche Jesús habita en el Santísimo Sacramento porque tú eres para Él la persona más importante en el mundo! “La Eucaristía es conservada en los templos . . . puesto que bajo el velo de las Sagradas Especies contiene a Cristo Cabeza invisible de la Iglesia, Redentor del mundo, centro de todos los corazones. De aquí se sigue que el culto de la divina Eucaristía mueve fuertemente el ánimo a cultivar el amor ‘social’”. (Art. 69 y 70)***
  9. ¡El tiempo que pasamos con Jesús, nuestro Mejor Amigo, en el Santísimo Sacramento es el mejor tiempo que vivimos en este mundo! “Y cuán valiosa es una conversación con Cristo [en el Santísimo Sacramento]: no hay cosa más suave que esta, nada más eficaz para recorrer el camino de santidad”. (Art. 69)***
  10. De la misma manera que cuando te expones al sol no puedes dejar de recibir sus rayos, así cuando estás ante el Santísimo Sacramento no puedes dejar de recibir los divinos rayos de Su gracia, Su amor, Su paz. “Cristo es verdaderamente el Emmanuel, es decir ‘Dios con nosotros’. Pues día y noche está en medio de nosotros, habita con nosotros lleno de gracia y de verdad”. (Art. 67)***
  11. Con Su misericordia que transforma, Jesús hace que nuestro corazón sea uno con el de Él. Jesús se queda en la Sagrada Eucaristía y “ordena las costumbres, alimenta las virtudes, consuela a los afligidos, fortalece a los débiles, incita a su imitación a todos los que se acercan a Él, a fin de que con Su ejemplo aprendan a ser mansos y humildes de corazón, y a buscar no las cosas propias sino las de Dios”. (Art. 68)***
  12. Si Jesús se hiciera realmente visible en la Iglesia, todos correrían a darle la bienvenida. Bajo la apariencia de pan, Él permanece oculto en la Sagrada Hostia porque nos llama a la fe. “El Santísimo Sacramento que es… el corazón latente de cada una de nuestras iglesias. Por eso estamos obligados, por un deber ciertamente dulce, a honrar y adorar en la Sagrada Hostia, la que nuestros ojos ven, al propio Verbo Encarnado, el que ellos no pueden ver, y que sin dejar el cielo se hace presente ante nosotros”.(Art. 26)****

* Papa Juan Pablo II, Dominicae Cenae
** Papa Juan Pablo II, Redemptor Hominis
*** Papa Pablo VI, Mysterium Fidei
**** Papa Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios

Nuestro Señor siempre nos ha socorrido en las grandes tribulaciones con una devoción especial. Las tribulaciones presentes y futuras por las que están pasando la Iglesia y las naciones, son más grandes que en cualquier otro periodo; asímismo, la persecución es más poderosa ahora que en tiempos anteriores. Por consiguiente, la devoción que actualmente Dios está dando a Su Iglesia y a las naciones es la devoción a la Santísima Eucaristía. Ella es superior a todas las otras devociones”. “Nuestra propia creencia es que la renovación del mundo se efectuará sólo con la Santísima Eucaristía”. (Papa Leo XIII)

“La devoción a la Eucaristía es la más valiosa porque tiene a Dios como su objeto; es la más beneficiosa para la salvación porque nos da al Autor de la Gracia; es la más dulce, porque el Señor mismo es dulce”. (Papa S. Pio X)

En la introducción de Mysterium Fidei (El Misterio de la Fe), “sobre la doctrina y culto” de Jesús en la Sagrada Eucaristía, el Papa Pablo VI explica que él escribió esta encíclica “para que la esperanza suscitada por el Concilio [Vaticano II] dé una nueva luz de piedad Eucarística que inunde a toda la Iglesia y no se vea frustrada por los gérmenes ya esparcidos de falsas opiniones”. “La visita al Santísimo Sacramento… es un gran tesoro de la fe Católica, cultiva el amor social y nos da oportunidades para adorar, dar gracias, hacer reparación y petición… La Adoración del Santísimo Sacramento [está]… completamente de acuerdo con la enseñanza del Concilio Vaticano II”. (Papa Juan Pablo II, Parque de Phoenix, Irlanda, 1979)

“Efectivamente, la Adoración permanente – tenida en tantas iglesias de la ciudad, en varias de ellas incluso durante la noche – ha sido un rasgo enriquecedor y característico de este Congreso. Ojalá esta forma de adoración, que se clausurará con una solemne vigilia eucarística esta noche, continúe también en el futuro, a fin de que en todas las Parroquias y comunidades cristianas se instaure de modo habitual alguna forma de adoración a la Santísima Eucaristía”. (Discurso del Papa Juan Pablo II, con motivo del XLV Congreso Eucarístico Internacional de Sevilla, 7 de junio de 1993.)

“Fuera de la celebración Eucarística, la Iglesia se preocupa por venerar el Santísimo Sacramento… Permaneciendo en silencio ante el Santísimo Sacramento, es a Cristo, total y realmente presente, a quien descubrimos, a quien adoramos y con quien estamos en relación”. (Carta del Papa Juan Pablo II al Obispo de Lieja, Bélgica, Mayo 1996.)